ESCRITURAS

Viento Sur

Reynaldo Pérez Só

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1967

los barcos vienen y se van o terminan en el fondo, los aviones hacen lo mismo, pero terminan siempre en tierra. verlos desde aquí vieja carretera de la guaira se siente que las diminutas personas que entran por la escalera nunca regresan, estuvieron de paso. date prisa, los papeles, no empuje, por favor, señor, no llegara mas temprano. no es igual la cubierta que une tierra y barco. la rendija con el agua sucia, aceitosa, brillante abajo, los cauchos que separan cemento y hierro al costado del barco. que si me caigo, que salpique el agua, que me tumbe, porque ahora es de noche y el puerto es completo escándalo, ciao mamma, adeus meus meninos eu Ihes encontrarei, no próximo ano, mi niño escribe cuando llegues, un beso y lágrimas derramadas, del corazón, de corazón amor mío voy hacer todo lo posible para que te vayas pronto, luego el silencio al llegar a ese hedor de pintura con óxido y salitre, es la cubierta, a un lado sillas de extensión, de madera, una piscina tapada con una red, gente con maletas, cajas de cartón, unos suben otros bajan, italiano, portugués, gallego, catalán y un cubano, mezcla de lenguas y el sudor con sus olores típicos y un lejano recuerdo a vómito, a mareos anónimos. hacia popa, donde las propelas, se ve todavía el horizonte de altamar y por proa, el cerro aún verde de los últimos inviernos.

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esos que se van qué se llevan, desde esta altura solo se escuchan los aviones que aterrizan o despegan, un barco de inmigrantes costeado por remolcadores, poco a poco, lentamente, en silencio se lo arrastran, apunta hacia el este, se achica para tomar el tamaño de petroleros, largos, feos, y avanza, ahora por su cuenta. ya es tarde y los asaltantes de carretera se apostan en la horquilla o en las fuertes curvas de la carretera vieja y es mejor irse que caracas se tranca, sobre todo en la avenida sucre, los policías cerca de la plaza españa piden papeles, pillos que se enredan en los burdeles de la cortada, bares, gritos y por la calle argentina desde la laguna daniel santos sale en lamentos por las ventanas de las casas de familia, familia en orden, yo no he visto a linda y el jibarito va cantando así. ya es de noche y el barco italiano debe estar reuniendo a los desconocidos en torno a las mesas del comedor, con los pensamientos divididos entre europa y venezuela, que la llevan sin poder escapárseles para siempre.

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1968

desastre, desastre y pensaba en bochinche, bochinche. ruidos, gritos, salud, salaud, salaud y bombas explotando. el humo acre, lacrimógeno. la revolución se hace con drogas, nadie me manda, nadie ordena nada. y que comemos y caminamos y caminamos. esta noche comemos de la basura, pedazos de carne, panes y hasta espaguetis. los extranjeros. no hay trenes y los policías se reúnen como romanos para pelear. rue saint jacques. los extranjeros son los culpables, no es así monsieur degaulle. casi un mes sin nada, bombas, ni cartas ni dinero. hambre. somos los extranjeros y los judíos tienen la culpa. flic, merde, salopard. los franceses se divierten, los muchachos se divierten, esta es la revolución, no prohibir nada, mientras los cafés están llenos, películas y repleto el teatro odeón. nn millón de personas, de mano, nous sommes tous de juifs, cohn-bendit, le chianlit, c´est lui, era diferente, todos extranjeros, todos nosotros judíos. deportación, alemania que se vaya a su país y ustedes patas negras que viven ensamble, de nuevo deportación, los trenes negros, serán los mismos que pasan por vitry, adonde.

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por la comida se hace hasta la revolución, un sandiuche enorme con queso y un poco de vino, hacer afiches por la revolución. beaux arts. no cree en nada, pero es el hambre, mientras lee a salvador spriu, “oh, que cansat estic de la meva/covarda, vella, tan salvatge terra…”

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y cansado sale del viejo edificio hacia el café buci por la mazarine, días de sueño y el hambre no la calma el colombiano que va al supermercado y bajo la chaqueta militar trae camembert y yogurt. todavía hace un tanto de frio, aunque en mayo nadie lo siente. monsieur, monsieur vente conmigo para viajar a la india, pero tiene hambre, martha pudo ser mi amor y temblamos en la misma cama que´est-ce que tu as, mon ami?, decía que la carne no temblaba y se fue buscándome en marruecos donde la revolución se detenía camino a españa, fue a las sinagogas, a los cementerios judíos y luego una postal: sé de dónde eres, mon ami. y la soledad de los cuartos, todo en contra y hoy va por el quai, el rio, viejos almacenes y en medio de la calle una piña, tropical, hermosa, solitaria, sin que nadie lo mire, y ve a un lado, al otro, y dice gracias, trópico mío, piña amada en esta ciudad y corre a agarrarla y la piña se deshace, podrida, entre las manos.

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los afiches se están vendiendo en las librerías, no ha pasado un mes, adiós movimiento, acontecimiento de mayo. adiós piña, adiós martha.

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1973

una baja es una bajada y más bajada es si se empina y no hay donde poner el pie ni agarrarse ni nada. mirar hacia abajo no ayuda: verás como el fondo del barranco se hace bien profundo y te da como mareo. mira hacia arriba y toda esta cerca. patricio se mató por mirar al fondo. no hacía caso y quedó desriscado en pedazos tú que vas a la tumba te lo imaginas y te gusta irte allá y te he visto hablar con el muerto y no creas que no pasan cosas y sí es verdad por eso no debes sino pisar seguro.

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había jereguillas, lecheras y pedazos de troncones. una piedra seca y trozos de musgo y liquen que para nosotros tienen otro nombre como aquel de sabañones, pero por ahí hay una tierrita, una cuevita donde meter la punta de la alpargata aruñar con los dedos hasta dejar encajadas las puntas y hacer un esfuerzo para bajar la pierna buscar ciego una grieta y a dejarse ir sin ver el fondo. aunque se pudiera dar la vuelta e irse por la montaña arriba, doblar por los morros y allegarse por donde la naciente y descender como hace la mar hace playita y se pueden arrecoger conchas. arriba esta que miran y apúrate que ya me abajo yo y a luego se vienen los otros y me quedo con los ojos pegados a la piedra suben poco a poco no caigan piedras y tierra cuando me tropiezo con la alpargata casi en la frente divido el cielo por esa cosa negra de rueda de carro y olor a masilla de barro con sudor.

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debió ser un resbalón lo primero que pensé tú lo dices una pardela asustada que de refilón dio un grito solo pude quedarme agarrado a la poca piedra que tenía tú dijiste era de tarde pero con el sol no lo digo yo que no tuve tiempo se mostró la sombra bajando bajando luego el ruido seco pensé en patricio mientras rompía la ola y la otra y la otra tú que vas al cementerio y los dedos los entrededos lisos al centro con el borde negro de pelotilla marrón produciendo olor.

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que siento a después, ahora, repetirse mientras mi hijo juego con mis dedos, huele se abraza al pue, lo dobla, lo aplana, forcejea con él. grita a los perros yo me quedo mirando el techo donde no hay mas nada que el techo, no dejando mostrar el cielo de hoy que noes otro cielo que el de hoy.

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la muerte es un solo vuelo, la vida no fue lo dijiste.

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1980

a veces es un pequeño ruido. más nada. luego es la sensación de querer, en verdad, de irme. más tarde nada queda. me pongo a pensar entre una idea de un futuro, siempre, incierto y mi pasado que por veces pienso fue bueno, pero con algunas vergüenzas, acciones contra los demás, los otros, los que creí hasta pequeños cosificados. eran muchachos como yo, jóvenes. actos de desconsideración, innobles, no hablo de moral establecida, es de mi propia moral o la que mis padres me inculcaron, de aquí este malestar. un verdadero remordimiento objetivo, pero lo que siento es el sucio deseo de irme hacia atrás, tiempo pretérito y borrar el nombre de ellos para que no existan, aunque pudiera pedirles perdón, cosa imposible, pues no sé ni siquiera que están vivos o se mudaron de país. por cierto, es en estos días que me tropiezo con el periódico y leo una esquela funeraria, un mismo apellido, pero no su nombre, de samuel pasa a manuel, algo así. me dije no tienes oportunidad. sin embargo, los otros no tienen nombre, tienen menos, caras difusas, desdibujadas. serás lo que inculpas, serás lo que no quieres, serás tu odio, serás y de este modo vas a conocer eso de la culpa.

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pero de la culpa culpa no es tanto, si esta ha sido la culpa que siento es hechura mía, no ajena. o de la circunstancia, dejémoslo hasta ahí y no vale la pena, lo mínimo, molestarse, darse a la angustia por tonterías que un baño de mar puede deshacer en un instante. eso crees. vaya que si crees. era la pobreza entre los pobres, entonces mas odio, discriminación. presente, hasta cuando, eternamente? era un día de sol a mediodía. soledad de corazón, me decía a mí mismo. encuentro de muchachos adolescentes frente a un cafetín de liceo. discusión. hablaba de su pobreza familiar. yo hablaba no de mi pobreza de padre y madre o de dormir en un banco de plaza y pedir ayuda, no hablaba de aquello que pesara con lo mismo, alemanes pensaba, alemanes de mierda me decía y me lo estrujaba y contesté y me fui transformando en el odio cuando la vergüenza se calló la boca y nunca pude recoger las palabras, el daño estaba en el silencio que oí dentro de mí, no eran ni siquiera alemanes de quienes hablaba, no supe qué hacer durante años había escupido sobre mi cara, durante la mañana, durante la noche, no sé siquiera si existe, que de hecho ya no está, el pasado se inventa me contesto y es el presente que lo construye ahora.

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el viento sur a veces es fresco. yo lo prefiero así, porque me lleva hacia américa. me hace olvidar y de tanto olvido alguna vez me olvido. el viento tiene una calidad semejante a las palabras: a veces o casi siempre pasa.

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Reynaldo Pérez Só /

Caracas, 1945 – Valencia, 2023. Poeta, ensayista, traductor, editor, profesor y médico. Premio Nacional de Literatura (2019 – 2020). Autor de una obra fundamental para la poesía contemporánea de Venezuela. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue co-fundador de la revista Poesía, la cual dirigió durante varios años. Su vida y su trayectoria literaria fueron reconocidas por el Festival Mundial de Poesía de Venezuela y el Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo. Viento Sur fue el relato ganador del concurso de cuentos de El Nacional en la edición correspondiente al año 1999.

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Tomado de la revista La Tuna de Oro, #37, Junio – Julio, 2000. Dpto. de Literatura, Dirección de Cultura, UC.
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