Diana Moncada
& Víctor Manuel Pinto
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Diana Moncada, poeta, periodista, editora y diseñadora venezolana, es la mente creativa detrás de About What?, un espacio para la reflexión sobre el mundo de la moda, la indumentaria y el diseño. Conversamos con ella para conocer más a fondo su proyecto y su visión. Esto fue lo que nos contó:
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Víctor Manuel Pinto
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La escritura, el dibujo, el diseño y la publicidad -actividades que definen tu dinamismo creativo- son trazos que, en gran medida, definen el patrón conceptual de la moda, o al menos podemos concebirlas como actividades expresivas que le son inherentes en la aplicación de su puesta en escena. En ese sentido, como creadora, ¿es el propósito de About What? condensar tus búsquedas creativas y profesionales mediante el estudio y la reflexión de la moda?
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Diana Moncada
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No es un propósito pero sí un camino. Y en este momento, uno de los caminos que me hacen más ilusión. Mi fascinación por la moda –pero no solo la moda de desfiles y revistas–, sino la escenificación de nuestras maneras. La forma en que la ropa acompaña, desafía o niega un tipo de subjetividad. Cómo inventamos todo un alfabeto textil para hacer con nuestro tumulto cultural algo vestible/leíble. Los recorridos históricos que pueden transitarse siguiéndole la pista a objetos como la peluca, el pantalón o la corbata. Y cómo estos objetos cristalizan nuestras contradicciones y nuestros delirios como humanos. Todo esto me desbordaba en el 2023 y la única forma de procesarlo fue escribiendo ensayos. Sentía inseguridad respecto a mi capacidad de escribir fuera de un registro poético. Y además mi prosa estaba entumecida por falta de entrenamiento. Al migrar corté con una rutina de escritura disciplinada y veloz, amaestrada por mi oficio como periodista cultural, mi verdadero taller de escritura. Me distancié de esa urgencia, de los tiempos de escritura cortos y rápidos y de la adrenalina de decir mucho en poco espacio. La prosa periodística enseña mucho si te la tomas en serio. Te da soltura y un ritmo particular. Pero ese ritmo que había dado forma a mi escritura pre-migración, lo perdí en Lima. Y a pesar de que seguí escribiendo poesía, perdí mi prosa y me costó mucho volver a ella. Así que cuando me planteé escribir estos ensayos, dudé sobre el estilo que tendrían. Al final preferí partir de mi voz poética y dejar que ella descubriera cosas. A través del ensayo encontré algo de mi voz que no había podido explorar hasta entonces. Recorrerla ha sido importante incluso para mi poesía. About what? me ha preparado para mi próximo libro, justamente por ser un terreno de libertad para mí, en el que puedo pensar y escribir en mis términos. El hecho de no ser académica, me exime de compromisos formales. No intento adecuarme a un formato o a unas reglas. Es mi terreno. Busco rigor pero especulo y dejo un poco de oscuridad en el camino porque quien lee también debe hacer lo suyo.
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Al final todo se mezcla: ensayo, poesía, periodismo y hasta copies de publicidad. Todo es una misma cosa: la escritura.
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La gran riña doméstica, grabado de Pellerin en Epinal, siglo XIX.
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La indumentaria podría concebirse como una especie de textualidad personal. Una narración material de nosotros mismos; de quienes somos o creemos ser. El vestido, el corte y su textura; el color y su simbología; la prenda que, incluso siendo pretérita se actualiza en una configuración inédita, todo constituye la potencialidad de un estilo propio: la voz sustancial de la individualidad. Sin embargo, generalmente desconocemos el mecanismo que genera eso que consideramos la moda.
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¿Es About What? un hilo que busca zurcir los espacios rotos de sentido entre el idioma del modista y quienes desconocen sus códigos y registros? ¿Crees que el conocimiento de la moda pueda generar la energía para liberar la expresión del sujeto a través de una deliberada edición estética de sí mismo y así comunicarse con el entorno o, por el contrario, enajenarlo mediante la homogeneidad que (nos) impone el comercio de las grandes marcas?
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No. Sí. Ambas cosas. Sobre lo primero, no tanto, la mente del modisto no es lo que más me interesa, por lo menos no como tema principal. Justo acabo de escribir un ensayo sobre El vestido investible cuyo interés no era la genialidad sino más bien la forma en que las diseñadoras y diseñadores nos piensan como humanidad a través de especulaciones que empujan límites y enrarecen la escena. El enrarecimiento es lo que hace que estos objetos ocupen un lugar de exclamación y de discusión que activa ciertos relatos vehiculizados a través de la ropa y sus discursos respectivos. Los genios creadores ya pasaron de moda. Lo que me interesa es pensar el hecho colectivo de la moda. El porqué las mujeres se empeñaron en usar pantalones cuando se les negaba. Perseguir objetos que hablen, que develen una escena de la historia y encontrar temas rastreables que condensen todo un universo. Por eso el blog se llama About what? Es un espacio para tematizar, descubrir temas a través de la ropa.
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Sobre la segunda pregunta: la edición de sí mismo es un asunto medular para la moda pero también para todos. Todos nos editamos para salir de casa. Por eso toda esa filosofía de Instagram del “sé tú mismo” me hacer reír. No somos nosotros mismos, somos nosotros y otros y otros. Y justamente es esa indeterminación de lo que somos y cómo la ropa puede escenificar esa indeterminación y plantear puntos de fuga, a través de combinaciones infinitas, lo que me fascina de la moda. No quiero ser yo misma, quiero ser más. Quiero ser otra cosa.
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Hay personajes históricos que se han editado a sí mismos en nombre de algo mucho más grande. La edición de sí mismo, como lo mencionas, tiene un potencial liberador y político, sí. Lo vestible enseña al cuerpo lo que debería querer usar, lo que es confortable, esperable y deseable. Pero los usos se editan, se juzgan, se burlan, se superan, se hackean. Editarnos nos hace ser conscientes de nosotros mismos en relación siempre con el otro, porque la ropa es social. Editarnos nos hace partícipes de algo colectivo, del hecho colectivo de vestirnos según el lugar, el momento, la edad, el país, la ciudad, el hogar, el ánimo, el género, la religión, el día de la semana, el oficio, las intenciones.
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Ahora, ¿nos enajena la moda? La moda es una gran máquina de narrativas que erigen el escenario en el que los artículos de lujo nos hechizan. Es centelleante. Los productos de la moda están cruzados por los discursos de su momento: de género, poder, de clase, deseos que imitan deseos, ideologías rancias, ideologías de Instagram, pequeñas rebeliones e infinitas imágenes y copias y copias. Y circulan en un torrente estandarizado de la imagen contemporánea que hacemos de nosotros mismos. Lo que sea que aportemos a través de nuestra vestimenta a ese gran garabato que es la imagen de una época, importa.
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Entre las corrientes homogeneizantes, han habido y hay estilos que han hecho cortocircuitos. Que simbolizan luchas y visten movimientos: La boina negra de los Black Panthers. La estética punk. El jean que pasó de ser una prenda de trabajadores a ser una de las prendas más emblemáticas de la modernidad. El maquillaje y la ropa de las Drag Queens. La pollera andina. El pañuelo verde de las feministas. Ejemplos todos de posicionamientos claros ante el mundo. De afanes identitarios. Muestras del potencial que tiene la moda de convocar, agrupar, posicionar a un grupo de personas frente a su entorno y su sociedad. Hablamos a través de la ropa y la ropa habla a través de nosotros. Nos usa para su consumo pero también nos ofrece un campo de batalla para disputar, obedecer, ignorar. Todo a la vez. Y, por supuesto, performar todas nuestras etiquetas, actuarlas, omitirlas, deshacerlas. Tener una agencia sobre el sí mismo de nuestra imagen pública.
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Screenshot de un post publicado en la cuenta de Instagram de @aboutwhat.blog
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No puedo atender tus ensayos sin considerar, primordialmente, tu trabajo con la poesía. Y luego de la revisión de tus reflexiones sobre la moda, pienso en dos procesos que, aunque congénitos al estilo de la indumentaria, son aplicables al pensamiento de la escritura en persecución de lo poético, o en todo caso en algunas operaciones textuales implementadas para ello. Me refiero específicamente a trabajos como la traducción; la apropiación; la imitación; la copia.
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El primer proceso es una especie de calibanización o apropiación de una indumentaria específica, de un discurso visual y material con el solo propósito de controvertirlo o maldecirlo, al mejor estilo del tempestuoso personaje shakesperiano. Un ejemplo tópico de esto sería el caso de Boss y su contribución como modista al cuerpo castrense de la Alemania nazi. Todo aquel estilo de botas y abrigos de cuero lucidos por comandos y policías secretas, años después de la caída del Reich sería calibanizado por tribus las tribus urbanas organizadas en torno a la escena musical underground en buena parte de Europa durante la Guerra fría.
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El otro proceso es el de la copia; la (re)producción serial del ideal de lo único. En el caso de la calibanización acometida por la estética punk en los 70, pareciera que asistimos a la generación juiciosa de un estilo, es decir, una identificación zurcida, incluso, a la conciencia de clase, al tiempo que enarbola una política declaración antipolítica. La imitación, por otro lado, se vale más de la inconciencia para persuadir; se apoya en el deseo por lo inalcanzable, ofreciéndonos apenas un rastro, una aproximación tangible a eso único imitado.
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En un ejercicio de audacia asociativa, siendo la escritura (de poesía) uno de tus puertos creativos, ¿crees que el estudio de la moda ha calibanizado en alguna manera tu expresión? Dicho de otra manera, ¿sientes que el lenguaje con el que expresas tu mirada en torno a la moda ha influido en tu concepción del llamado lenguaje poético que, por otro lado, en persecución de la moda literaria, pareciera reproducirse cada vez de forma más cercana a lo meramente serial, a la copia?
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Sí, claro, leer sobre moda me ha dado herramientas para cuestionar esas legitimaciones pero también para mirar más de cerca las formas en las que consumimos la moda, que muchas veces son llanas y anodinas.
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Y con respecto a la siguiente pregunta, hay dos cosas que se cruzan ahí. Más que la moda, el ensayo como género es lo que ha ejercido una influencia en mi escritura poética en los últimos años. La libertad que encontré en el ensayo ha sido lo que me ha permitido soltarme en el poema y traerlo a mi terreno. La prosa ensayística me hizo borrar la niebla en la que una queda –a veces– atrapada cuando escribe poesía.
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Pero por otro lado, la intuición poética es un faro que me ayuda a detectar posibles tensiones en el ensayo; y al mismo tiempo me hace mirar los objetos con una sensibilidad particular que me parece crucial para acercarse a los fenómenos vestimentarios.
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Y esa intuición poética –por supuesto– también interviene en el ritmo y en la cadencia específicas del texto. Esto se expresa, por ejemplo, en la puntuación, en lo cortas que son las oraciones y otras herramientas con las que intento enfrentar lo desconocido con mi vestido de siempre, la poesía. La poesía me orienta y me da ritmo y el ensayo rodea al objeto desde varios ángulos para poder estudiarlo y rastrear sus diferentes relatos.
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Makeover madness, icónico editorial de Vogue Italia en 2005 que teatralizó las tensiones entre la cirugía estética, el glamour y la locura.
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Inevitablemente la moda se inscribe en el ámbito social. En las periferias de lo urbano, en las zonas marginales, la experiencia de la moda y sus objetos en tendencia se vive de forma muy particular. Allí los materiales de la novedad: zapatos, lentes, relojes y un largo etcétera adquieren cierto poder de embrujo, con como talismanes que, por onerosos y exclusivos modifican la personalidad de quien los posee. En un barrio, para decir más, los términos imitación y original no son palabras, sino en gran medida renglones en la jerarquía del poder. Son conceptos que señalan, enaltecen o marginan mediante la alcabala del capital adquisitivo. Pero este fenómeno está desnudo de razón. Es decir, no existe una valoración detrás de la creación y la calidad del objeto lucido. Lo que hay es un estado mágico, de adoración a lo material que muchas veces deriva en locura y tragedia. ¿Cuántas botas Jordan no fueron vendidas aún salpicadas de sangre?
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Sin embargo, también es verdad que, de las clases populares, de la indumentaria para sus oficios, de las ropas de sus bailes y ritos, incluso, de las guerras peleadas por sus miserables, han surgido varias de las prendas más icónicas de la moda.
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En medio de esa frontera tan difusa, entre el arte de la confección de textiles y la producción puramente comercial, ¿cómo podríamos aprender a valorar el lenguaje de la moda desde una perspectiva artística, al margen de las imposiciones y persuasiones que nos conducen al consumo inconsciente?
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Quizás no una perspectiva artística sino más bien una actitud consciente frente a lo que usas, cómo lo usas y qué estás diciendo. Esa conciencia –y sobre todo un cierto criterio– es el germen de la edición de sí para algo más que el sí. Y esta edición es la práctica del estilo, una práctica que –indudablemente– despierta una conciencia del cuerpo y del espacio y de cómo participas y te mueves en ese espacio.
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Es sugerente el origen de la palabra elegancia, proveniente del latín elegantia, que deriva del verbo eligere, cuyo significado es escoger o elegir. La elegancia es saber escoger. Elegir –entre muchas cosas– algo. La elección siempre acentúa un carácter. La elección nos da poder.
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Y al mismo tiempo, escoger es participar de algo colectivo. Entender la elegancia por la vía de la agencia de la elección y no solo desde el ocultamiento de los medios, como lo planteó Balzac en su Tratado de la vida elegante. No solo se trata de la proyección de nuestra imagen sino de la propia producción de la misma. Asociar la elegancia con la elección le devuelve su potencia.
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En un ensayo, Barthes cita a Sartre, cuando éste afirma que el vestido permite al hombre “asumir la libertad” –un concepto clave en su filosofía–. El estilo propio se construye en base a elecciones personales libres, elecciones que revelan que la publicidad no elije por ti. Y al mismo tiempo, nos editamos a nosotros mismos para poder cumplir –o al menos intentarlo– con los mandatos de belleza de esa publicidad, con roles de género, con promesas de clase. Nos adherimos a líneas de pensamiento y lógicas de mercado. Nos editamos para funcionar y obedecer.
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Un anuncio publicitario de ropa de trabajo para mujeres, posiblemente de mediados del siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial,
cuando las mujeres eran alentadas a ocupar los puestos vacíos en las fábricas.
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En 1931, en una excursión por algunos países caribeños, Aldous Huxley visitó Caracas, tu ciudad natal. En sus notas sobre aquel viaje, el novelista británico no oculta su entusiasmo por el estilo sartorial de la mujer venezolana. Para el intelectual eran la demostración de una moda muy superior a la percibida por él mismo en las colonias caribeñas bajo aún dominio británico, moda que tildaba como tardía frente a las tendencias europeas que esta trataba de emular sin éxito.
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Como venezolana y estudiosa de la moda, ¿crees que pueda hablarse hoy día de (alguna moda) venezolana con la espontaneidad y originalidad percibida por Huxley?, y de haberla, ¿cuál es tu percepción de la misma?
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Esta respuesta me duele. Mi interés por la moda surgió en Lima así que me perdí de mucho, en ese sentido. Y la actualidad de la moda venezolana me es ajena como muchas de las cosas que suceden en términos culturales allá. Pero estoy muy interesada en leer, ver y conocer moda venezolana. De hecho estoy esperando con mucha emoción un libro sobre moda venezolana que me he pedido, La pasión criolla por el fashion: una historia de la moda en la Venezuela del siglo XIX de Antonio de Abreu Xavier por la extinta Editorial Alfa. Estoy segura que me abrirá rutas.
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El pensamiento hegeliano nos legó la sentencia de la ciclicidad histórica, una especie de curva con tendencia circular a la que Marx posteriormente agregó los trazos de lo trágico y satírico. Ahora bien, la moda, a lo largo del tiempo, también ha incurrido en este circuito de redondez: la moda revisita y reinterpreta constantemente las tendencias estilísticas del pasado.
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¿A qué crees que se debe esta exploración del modista hacia lo caduco? ¿Podríamos, mediante lo antes expuesto, considerar también a la moda como una pista, un registro social, una suerte de fósil que dé (y nos da) cuenta de nosotros mismos por medio del curvado trayecto de la historia?
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Creo que el porvenir se cose sobre el pasado. No se puede descubrir algo con las manos vacías. Lo que no existe se intuye a través de formas que sí existen y que han recorrido la historia desde diferentes frentes y con diferentes funcionalidades y sentidos, adaptándose a indicios que están fuera del tiempo.
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Walter Benjamin lo dijo en su Libro de los pasajes, quien sepa leer las señales de las creaciones nuevas de cada temporada será capaz de anticipar “las nuevas corrientes artísticas”, “los nuevos códigos legales, las nuevas guerras y revoluciones”.
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El tiempo es nuclear en la moda. La moda crea su propio tiempo, el tiempo de las temporadas, el tiempo de lo nuevo. Un continuo cíclico que hace que el pasado y el futuro estén en permanente relación digestiva. Interviniéndose y proyectándose. La aparición del pasado como lo nuevo. Y lo nuevo pasando de moda tan pronto cambiamos de temporada.
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Por otro lado y con otro enfoque, dos etnólogos americanos, Kroeber y Jane Richardson, publicaron en 1940 Three Centuries of Women’s Dress Fashions: A Quantitative Analysis (Tres siglos de moda femenina: un análisis cuantitativo), una investigación científica sistemática y rigurosa en la que los autores midieron aspectos concretos del vestido femenino como el largo de la falda, la ubicación de la cintura, el tipo de escote; a lo largo de trescientos años de historia, con el objetivo de identificar tendencias temporales y patrones cíclicos en el sistema de la moda.
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En efecto, los autores revelaron que paradójicamente frente a la idea que tenemos formada sobre el cambio permanente de la moda, en realidad –en términos macrohistóricos– la moda es bastante regular. A gran escala el tiempo de la moda es inestablemente estable, cambian los detalles, mas no las estructuras. Y por eso es que la novedad a veces se torna tan espectral, porque parece que todo cambia pero nada cambia. Es un tiempo estancado en su movimiento circular.
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Diana Moncada /
Poeta, periodista, editora y diseñadora nacida en Caracas, Venezuela. Autora de Cuerpo crepuscular, libro ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en el 2013. En 2022, en Lima, bajo el sello 1 vez editores, publicó Objeto distante, su segundo libro de poesía. Textos suyos han sido publicados en revistas y antologías en Argentina, Colombia, Perú, España y EEUU. Es la prologuista del libro Al filo, de Miyó Vestrini publicado por el la editorial Letra Muerta. Forma parte del Consejo de redacción de la revista POESIA. Co-dirige la editorial independiente 2 veces editores.
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Víctor Manuel Pinto /
Valencia, Venezuela, 1982. Poeta, editor y profesor universitario. Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde es director de la revista POESIA e imparte clases de teoría y creación poética. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005), Mecánica (2006), Aprendiz de la carne (2007), Caravana (2010), Voluntad para no matar (2011), Poemas reunidos 2005 – 2011 (2012), Quieto (2014), Cruz boca abajo (2021) y Welserland (2021). Ha sido merecedor de los siguientes reconocimientos: Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras, CONAC, 2004; Premio Internacional de Poesía Ciudad de Valencia, 2005; Premio Bienal de Poesía Eduardo Sifontes, 2007. Su trabajo poético ha sido incluido en diversas antologías y traducido al árabe, alemán, francés, italiano, inglés y portugués.
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