Milagros Gavidia & Maurizio Medo
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Malincuor & el origen.
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Es una historia en la que se habla probablemente de los propios orígenes del hablante, los cuales —de acuerdo con el tenor de la narración— se dan en el vagón de un tren abandonado en un «desierto del Perú», no en el Perú, de ahí se explica su situación liminar. El texto se refiere explícitamente no a la situación de dicho hablante —voz, firma o signature— dividido entre dos culturas, ambas europeas, lo que se evidencia con el uso del idioma y de una serie de elementos que parecen «partir» el tren—que es un espacio y, al mismo tiempo, una metáfora—en dos mitades, sino que éste es un pretexto para referirse a las dinámicas culturales de su «educación sentimental». Conforme se va desarrollado el drama, el tren se desestructura hasta reducirse a ser el soundtrack de los recuerdos —y el miedo—del hablante. pero desde el seno de su propio «hogar» y de todo lo que pueda estar implícito en la estructuración y las dinámicas de tal lugar, el cual parece estar amenazado, por la ominosa presencia del viento Bora —que es el origen del exilio de los clanes en los vagones del tren — y posteriormente por el gobierno de una ominosa Junta de Vecinos instaurada durante el confinamiento por el SARS-CoV-2. El tiempo obra de modo tal que, conforme, avanza, va reduciendo la dimensión del tren a la de un recuerdo que comienza a diluirse con la intromisión de las voces del presente, la muerte de la abuela —baka— quien, en realidad, es una parodia de lo esotérico y ya, posteriormente de la madre, mientras, dentro del texto, comienza a infiltrarse el «afuera» a través de otras voces. El desenlace de la fábula es el cuestionamiento de la existencia real de ese tren. El libro retrata la situación de los migrantes europeos en el período de las «entreguerras» y mira al país que los acogió desde los umbrales —nuevamente encarnados en dicho tren, los mismos que desvanecen conforme los textos se va desestructurando a través de una serie de juegos polifónicos —los mismos que interfieren— convirtiendo los «textos cerrados» —del recuerdo— en «textos abiertos» —conforme el presente se ocupa de la construcción de su propio lugar….
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Algo así se diría en la sinopsis. Por eso prefiero pasar ir directo a la película en sí.
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Perú, Génova & Croacia: los viajes de la identidad
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El filósofo inglés Grahan Priest señala que, bajo ciertas condiciones, algunas declaraciones pueden ser verdaderas y falsas simultáneamente, o pueden ser verdaderas y falsas en diferentes momentos. Lo que cita de Paz con respecto al vínculo jurídico de la nacionalidad, es tan falso como verdadero, dependiendo de la circunstancia. Mi declaración pro balcánica estalló —ese sería el verbo real—de la mano de cierto desencanto experimentado con respecto a mi propia «italianidad» después de haber perdido por completo lo ingenuo que había en mí de esa utópica «peruanidad». Yo nací en el Perú, crecí allá, es un lugar que conozco muy bien, pero sólo a través de los noticieros. Además de ello, la declaración que me atribuye Braulio, es cierta, en la medida en que no lo es del todo. Al regresar de Croacia, enamorado de Dubrovnik, recuerdo haberle dicho «yo era croata, carajo» —el tono de la exclamación es, en sí misma, la de un peruano, y más si consideramos el cierre de la misma (con la palabra) «carajo», ¿sabes que los italianos no pueden pronunciarla? Caraco, exclaman ellos.
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Este juego, que no es del todo performativo, tiene su origen en la frase de uno de los amigos más ingeniosos que tengo, Eduardo Espina, quien decía: «Sin habérmelo propuesto me di cuenta que resultaba más difícil ser uruguayo que dejar de serlo».
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Como miembro de una familia de migrantes europeos lo identitario representó para mí un conflicto. Debido a mi fenotipo la «ideología pigmentocrática» que hoy rige el Perú, un país dramáticamente polarizado debido a su renuencia al diálogo, comenzó a endosarme las facturas de ciertos valores que no tienen nada que ver conmigo. Oí decirme facho, el peor insulto que podría recibir alguien cuyo devenir lo arrastró al Perú justamente por provenir de una familia de partigianos y, al mismo tiempo, cientos de veces fui llamado caviar —que no sé bien qué significa pues soy bastante ignorante con respecto a la metalengua forjada en el repudiable fujimorato— y, al mismo tiempo, oí decir que pensaba y actuaba como un rojo. Al no encajar con ninguno de estos calificativos, y siendo fiel a los elementos que retroactivamente forman parte de mi historia —fuera del espacio público— es que me asumí agambenianamente como un cualsea.
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En la entrevista con Paz (https://dilemas.lamula.pe/2025/09/20/q/mauriziomedo/ está bien explicado.
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Avicena, en un comentario que hace sobre la Metafísica, dice que «a cualquier persona que niegue el principio de no contradicción, se la debería golpear y quemar hasta que admita que ser golpeado y ser quemado no es lo mismo que no ser golpeado y no ser quemado», no es que haya pensado en hacer esto con Braulio, pero me resulta interesante el pensamiento de Avicena. Ya Heráclito había dicho que el devenir y el constante conflicto de opuestos es el logos universal de la naturaleza. Todos estos conceptos pueden contradecirse faltando a la contradicción. Hay que aprender a pensar con las contradicciones, sólo así se aprende a gestionar el conflicto que, generalmente, es una paradoja entrometida en nuestra vida diaria.
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Rastros etimológicos
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Diego Otero explicaba que, en el italiano real, la expresión adverbial italiana “a malincuore” se puede traducir más o menos como “de mala gana” o “con pesar”. Malincuor es aquello que ti stringe il cuore, tanto así que las fuerzas son insuficientes para escribir correctamente “a malincuore”. Una palabra que podría asumirse como un sinónimo de malincuor podría ser magone, la misma se refiere a una sensación de aflicción, disgusto o una opresión en el estómago, a menudo descrita como un nudo en la garganta o un peso en el esófago, causada por el desasosiego o la angustia. ¿Por qué se origina dicha sensación en el libro? La respuesta todo el tiempo siempre la tuvo baka, quien no hablaba ni comprendía el español. Tampoco voy a spoilear la trama, ¿no?.
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Creo que, en general, conforme fue transcurriendo el tiempo, los lectores se amansaron ante la aporía de la no ficción que, alguna vez se le ocurrió a Weinrichter con el propósito de demostrarnos que el ocio también puede ser productivo. Tamara Kamenszain se divertía con ello: la «no ficción», susurraba con una media sonrisa. Pero El libro de Tamar o Malincuor son ficciones en la medida en que la «no ficción», y también la poesía son, pueden, o deberían ser, ficciones. Pasa que, en los últimos tiempos, nos hemos superpoblado de etiquetas que buscan explicar con un nuevo lenguaje aquello que, antes, ya había sido explicado.
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Malincuor & lo real (?)
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¿Y quién podría conocer el destino esas «personas reales»? Solamente el pasado. Aparecen, es verdad, pero a modo de figurantes, y yo no soy un arúspice capaz de vaticinar su destino. En lo concerniente a lo «real» hay lugares (como La Cantuta, el parque en el que se encuentra el monumento a María Nieves…) que, sí pues, son «reales», están ahí, y también algunos íconos (como la vieja Remington que está a un lado de mi escritorio) y la propia escritura, pero si hablamos de los «personajes» son reales gracias a la imaginación. Solamente hay una línea en todo el libro que es rigurosamente «real», y es la que más me costó escribir: murió mi madre. Ocurrió así. ¿Fuera de ella, cuál es la importancia que le conferimos a Lo Real, la que le otorga Lacan, la que se activa en la escritura de Capote? Hoy, en lugar de rotular con su respectivo código de barras aquello que se escribe, deberíamos de comenzar a quitar las etiquetas y escribir como antes que existieran los géneros. Ese trabajo, el de clasificar las obras, no es una tarea que le corresponda a un escritor o, en todo caso, a un crítico, y sí, tal vez, a la chiquilla que, por algún albur debe «clasificar» las remesas de libros para asignarles un lugar en los estantes de la librería en la que trabaja, tal vez a medio tiempo. Y con respecto a si son o no «personas reales» quienes habitan el Tren, tampoco. Forman parte de la memoria que tengo —o quiero— tener de ellas.
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La memoria también es otra ficción cuya realidad se manifiesta con el repicar de la alarma del recuerdo. O en todo caso es un libro escrito desde un efecto cuántico que sugiere que las decisiones tomadas en el presente pueden parecer alterar eventos del pasado, la retrocausalidad.
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«Junta de Vecinos»
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Pareciera que hoy cada país tiene una «junta de vecinos» dispuesta a perpetuarse en el poder o a congraciarse con el pueblo, desde la Boluarte hasta la propia Giorgia Meloni.
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Líneas opuestas y la heterodoxia del sistema
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Hace muchos años que dejé de pensar en «poemarios» como un soporte en el cual yo pueda desarrollar lo poético. No me acomodan. Creo que esto me pasa por su estructura, hoy un «poemario» está más próximo a un LP de 33 rpm que a un «libro». Malincuor es un libro, pero no fue diseñado para funcionar como un detector de lo «real» sino, tal vez, para ser disfrutado con aquello que no lo es, pero que parece verdadero. Hay una historia, una novelística heterodoxa, o dos, que recorren caminos opuestos. A estas alturas ni siquiera sé si yo soy real o no.
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¿Qué es lo real?
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Lo éxtimo.
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3 Textos
1.
Aunque no es mi película favorita, mi vida está basa da en una serie de eventos reales que, en su conjunto, resultan idóneos para construir no una memoria sino, más bien, el olvido. Entre mis recuerdos aparecen ciertos detalles con los cuales nunca hemos soñado, por eso asumen un inesperado protagonismo y, cuando no, los detalles que no atendimos, no con el cuidado y la atención que merecían, debido a nuestra propia y natural confusión, reaparecen disfraza dos de tal lirismo que uno se pregunta si alguna vez existió esa confusión. El pasado siempre estuvo ahí, y aunque se trate de algo en lo que jamás pensamos, debemos de volver a construir, para luego dejar que escape, y quede en su lugar el destino.
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2.
En el Europa las reglas de juego siempre fueron muy claras. Sabíamos bien que no se debía salir. Papá clausuró todas las ventanas. Aquellas que daban al ala norte del Tren estaban cubiertas por una serie de imágenes de la Ribera de Poniente; en el extremo opuesto, por otros cientos de gigantescas postales que evocaban la lírica medieval de las montañas de Plitvice.
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Las fotos eran tan hermosas que ni Sorella ni yo nos preguntábamos qué podría haber detrás de ellas. Lo que pudimos entrever como un arabesco dibujado en medio de la niebla fue la forma de un inhóspito desierto.
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El mar entonces fue una promesa.
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Mi padre, quien se encontraba en medio de una serie de eventos imprevistos, no pensó en el verdadero significado de lo que estaba ocurriendo: el tren pareció partirse en dos. Los nonnos decidieron impossessarsi del ala norte; deda y baka creyeron conquistar el ala sur. Cuando mamá se percató de ello experimentó una grave sensación de temor, el mismo dio a su semblante una expresión aún más sombría.
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Mientras papá, ausente, como ningún otro, no hacía más que advertirnos: no abran la puerta, dejarán entrar al futuro. Sentíamos miedo.
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Nunca tuvimos una mascota, apenas la oscuridad suficiente con qué cultivar de fantasmas entre un montón de valijas llegadas de pueblos remotos.
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La infancia era todo lo que conocíamos.
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3
—Quizá —le digo a Beto— ya nos llegó la hora
de acordar una tregua después de negociar
as palabras reveladas en la física del poema.
Aunque cada una responda a factores
cibernéticos en los cuales la letra obra
al margen del concepto autoral.
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—Es un código —me respondió apenas
la idea del poema quiso aparecerse
como la Antikythera descubierta
en un barco hundido en el fondo del mar griego
— o la prehistoria de lo que se pudo
descifrar después de oír la caja negra
de un aeroplano: un registro sonoro
del trayecto que, en sí era algo pasado.
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Como ese barco hundido en el momento
mismo en que escribí vivo, pero sujeto a
los esquemas aurorales del siglo XX.
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Una presciencia, si consideramos la
costumbre de dejar la puerta entreabierta,
evitando que mi apego por ese esquema
clásico me mantenga al margen de lo
contemporáneo cuajando toda una filosofía
de vida en la cual el futuro se conquista con
la pérdida que trajo consigo la caída
registrada en esa caja negra.
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Su audición no es apta para los estudiantes
de la Facultad de Literatura, víctimas de un
concepto erróneo de trascendencia.
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Lo recuerdo cada vez que me acerco a la
puerta y escucho al futuro precipitándose en
una acción calculada, a tal velocidad que el
mañana aparece sin los contenidos
necesarios para ser confiable.
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Nos sucedió igual cuando tocó estructurar el pasado.
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Esto poco le incumbe al barrio. Oscurece.
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Oscuro, redundó un bolero.
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Los estudiantes dejaron las botellas
vacías de algo que huele a
adulterado.
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Explico a las moscas:
el licor no huele amoníaco.
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Es otra cosa.
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Bien random.
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Maurizio Medo /
Nació en 1965. Ha dirigido proyectos como el espacio de creación Transtierros a lo largo de una década, y el proyecto de divulgación crítica País Imaginario: Escrituras y transtextos, un estudio en tres volúmenes. Ha publicado también algunos libros de poesía como Manicomio (Primera edición, Santiago de Chile, La calabaza del diablo, 2005; segunda edición: Lima, Editorial Zignos, 2007; tercera edición, 3era ed., Monterrey, La regia cartonera, 2013; 4ta edición, Guadalajara, Mantis, 2012; cuarta edición, Madrid, Varasek. Colección Buccaneers, 2015); Cuando el destino dejó de ser víspera (poesía reunida 2005-2015) (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2016); Y un tren lento apareció por la curva (Madrid, Ay del seis, 2016) y Las interferencias (Madrid, Ay del seis, 2019) Su obra aparece en algunas antologías como Pulir Huesos.23 poetas latinoamericanos, 1950-1965. (Madrid, Círculo de Lectores, Galaxia Gutenberg, 2007) de Eduardo Milán; Festivas formas. Poesía peruana contemporánea. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín, 2009, de Eduardo Espina; Intersecciones. Doce poetas peruanos. (Conaculta: Instituto Nacional de Bellas Artes. Oaxaca, 2009) de Ernesto Lumbreras; Světová poezietento chléb přežvykovat, psacími písmeny (fra.cz, Praga, 2012), de Petr Zavadil; Spanische und hispanoamerikanische Lyrik Bd. 4: Von Rosa Chacel bis zur Gegenwart (Poesía española e hispanoamericana Vol. 4: De Rosa Chacel al presente (Fundación CH Beck, Berlín, 2022) Susanne Lange (Ed.) y Petra Strien (Ed.). Ha publicado también Backstage: 18 entrevistas (y algunas notas) alrededor de la poesía contemporánea (Cáceres. Ediciones Liliputienses 2017). Actualmente dirige El Laboratorio.
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