ESCRITURAS

Pascaliana para una estrella

César Panza

 

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Néstor,

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Te envío entonces la presentación al libro junto a una selección.
Digamos que son los textos que considero mis preferidos y sobre los
cuales me apoyé para la nota. Por supuesto, no es imprescindible que
vayan juntos. Es solo una dentada de engrane entre mi lectura y el libro.

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Agradecido por tu interés. Como ya te dije, cualquiera cosa que
encuentres en él que consideres merece una enmienda, cambio o
discusión, pues adelante. Todo la prosa que escribo es para uds.,

mis amigos.

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Un abrazo fuerte

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e-mail enviado a El Taller Blanco | 9 de agosto de 2021

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La experiencia vital nos puede llevar a lugares difíciles: si no hay verdad en la percepción ni el entendimiento, tampoco puede haberla en quien percibe: padecemos, decimos que nada es real, ni el dolor ni el placer, que todo es una cruel fantasía tal que cesamos de existir en cuanto dejamos de padecer, y no queda más que un leve rastro que el inclemente movimiento borra más temprano que tarde. Si al contrario hay un leve acento de verdad, encontramos en ella un gran motivo de humildad, al vernos irremediablemente obligados a rebajarnos el tamaño de una u otra manera. Como no podemos vivir sin creer en nuestras experiencias de vida, al considerarlas alguna vez con seriedad y sin miedo, hemos de volvernos sobre nosotros mismos, y sentir la proporción que hay entre nosotros y la naturaleza. La conclusión es tan fascinante como demoledora: estamos entre dos inconmensurables.

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Arriba el espacio, cientos de millones de kilómetros nos separan de una estrella que nos alienta y alimenta: el sol, que a su vez tiene un millón 400 mil kilómetros de diámetro. Hacia adentro, la célula encargada de transporte de aquél aliento y alimento, digamos, un glóbulo rojo mide 7 micrómetros. No se trata de hacer galas en el manejo de la notación científica para comparar lo inimaginable, bastaría más bien con repetir la certeza pascaliana:

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¿Qué es el humano en la naturaleza? Una nada frente al infinito, un todo frente a la nada, un medio entre nada y todo. Infinitamente alejado de comprender los extremos.

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El origen de las cosas y su fin están ocultos a nosotros, son un secreto impenetrable. ¿Qué podemos saber siquiera de su finalidad y orientación? ¿A qué, si no a quién, sirven todos estos menesteres? Debido a que hasta los signos son arbitrarios, decir que estamos amarrados al sueño no es más que una metáfora de la desproporción de nuestra ubicación. Dispénsese de la fácil confesión de insignificancia, no es eso: somos igualmente incapaces de ver la nada de donde salió la enana blanca que da nombre a nuestro sistema, mucho menos podemos ver el infinito en el que nos hayamos sumidos junto a ella. Así como nuestro cuerpo es limitado, así nuestra experiencia y así nuestro entendimiento.

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Intuyo que esta Supernova, la cuarta producción de venezolano Leonardo Alezones Lau, ha sido concebida en la creciente de esa experiencia de desproporción entre infinitos. El título astronómico no es el solo indicio, también es su composición en dos partes: Cielo Abierto y El Botalón del Sueño. Por supuesto que se lee en su caída de un Ícaro interpretada como ars, también la estampa de un jornal de trabajo rural para el fuego estacional que renueva a la tierra, se lee en el valor de la renuncia.  Pero hay más elementos y tramas del libro que apoyan la conjetura de que se trata de un libro de sumisa conciencia sideral.

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.Supernova de Leonardo Alezones Lau | El Taller Blanco Ediciones, Colección Voz Aislada, Bogotá, 2020.

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La emanación escritural de Alezones es masiva y luminosa. Su abundancia es onda expasiva y también corpúsculo, lo uno porque no es un poeta que haya pasado desapercibido entre sus coetáneos, y lo otro al contarse 5 títulos en 15 años–. Sus textos son igual la floración única y particular, y a la vez reiterada y repetida, agrupados como en las espigas del pasto forrajero, un ramo de nardos o la simple vegetación espontánea de los llanos venezolanos. También son instantáneas urbanas bajo el lente de una visión de mundo que posee una racionalidad postindustrial reactiva a la desprestigiada modernidad: hay paisajes interiores dispuestos a despertarnos a la existencia en su más cruda instancia, pero son horizontes que parecen extraídos de ecosistemas degradados entre la ciudad y el campo, espacios de afectividad ambigua, lugares donde no se puede estar ni triste ni alegre porque la personalidad se sacrifica, el yo lírico ya no es el habitante por excelencia del lenguaje, ni el sujeto de la expresión. Esto es, para Alezones, en la poesía actual venezolana, una posición de gran ventaja, no solo por el juicio comedido de sus posibilidades entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño del universo vivido, sino que reporta una cuestión de significado muy importante para nuestro peculiar tránsito entre las apariencias de lo temporal y la verdad que rebelan: que es el sentido histórico y territorial, tan convulso y descarnado como lo permita la historia venezolana contemporánea. Se sabe, con tan solo leerlo, que Supernova fue escrito en la Venezuela de los últimos 10 años, con todo lo que esto puede significar. Es decir, en él hay una conciencia del pasado y el presente, una clara comunión práctica entre lengua, lenguaje y habla, esas tres dimensiones que analíticamente separamos –por una costumbre escolar– como si se pudiesen dar por separado; y desde allí Alezones maneja deliberadamente una tradición poética en la que, circunstancialmente, está inserto y deliberadamente ha decido continuar. Con esto se quiere decir que Alezones, como poeta, tiene una existencia diacrónica con Teófilo Tortolero, con Villarroel París, con Gerbasi, con Pepe Barroeta, entre varios otros que ya son más que sus influencias.

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Así es que Supernova es un libro no solo escrito dentro de una particular generación sino dentro del total de la literatura, al menos de esta región carabobeña. En su escritura se juntan no solo esta particular actualidad venezolana del siglo XXI sino también la continuidad con una todavía joven tradición, un tanto romántica, la verdad sea dicha, ya no tan surrealista como en sus dos primeros libros, Arcada y Amalivaca, de la poesía centro-norte-costera.

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No se confunda el que se acerque a este libro: ni su inserción en la tradición ni la resaca romántica de ésta comprometen el hallazgo humilde de su lugar concreto entre el todo y la nada, las instancias del universo más ricas y, a la vez, más precarias después del aquí y ahora. Podría esperarse de sus bucólicas postpunk de periferia arruinada, que Alezones tome parte por alguna posición fogosa que lo fuerce a confundir las ideas con las cosas, la imagen con la representación, el dinero con la deuda, fármacos con venenos o al videoclip grunge con un disoluto y tibio atardecer valenciano, donde oscile entre la ansiedad cuando ahora nadie existe y el entorno está callado y la pregunta inerme sobre qué podemos saber de los misterios del cielo hundidos en la impaciencia del asfalto. Es decir, que en el vértigo que se siente frente a la desproporcionada posición del hombre en la naturaleza, se hable de las cosas físicas espiritualmente y de las espirituales físicamente, para intentar rubricar a la naturaleza con nuestro paso, incluso más, personalizarla a ella, animarla: decir que la tierra tiene intereses, y los elementos simpatías o antipatías, deseos y voluntades, todas cosas todas que no pertenecen más que a lo humano. Rasgos típicos del romanticismo que con una experiencia vital perdida, mareada y desesperada tiende a homologar la belleza poética con la belleza de las formas, de la terapéutica, de la obediencia y la devoción, para consolarnos con alguna trascendencia que nos prometa falazmente conocer el fin de todas las cosas, alguna luz, algún porqué para este montaral de símbolos. Pero esta no parece ser la vía de Alezones, por la verídica humildad de sus versos, su morada de lenguaje con ventanas y puertas abiertas a otra percepción. En Supernova habría más bien una reconcentración en su propio ser el sol no para volverse Dios imaginario de altares primitivos, ni asertivo individuo capaz de alcanzar combustiblemente los límites del cielo. Esa reconcentración, ese colapso sobre la experiencia de sí en el mundo tendría un propósito estelar, sí, uno que sea estallar e iluminar expansivamente el lugar que le fue concedido para que experimentásemos a la tierra, a través de una luz que excede a la existencia de su origen, dicho con su propio verso, como una soledad compartida, más allá de cualquier espacio-tiempo.

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Supernova
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S E L E C C I Ó N

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UN ECO EN LA PINTURA

rehacer el mundo como un lienzo
con grumos de óleo blanco
elaborando emociones
con cada pigmento
hasta diferenciar las reales de las elaboradas
¿no es ese tu deseo?
−eres un tonto que sueña− dicen
−todo terminará en el vacío de donde provino−
desmiento y pinto desde la perspectiva
de un pasto estrellado que dio hogar
a las fuerzas angelicales
la paleta es un remo con que podríamos
navegar un lago que dibujé
para verlas volver
girando en la inmensidad de las nubes

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AVE DEL PARAÍSO

sé a donde ir
aunque no tenga sitio para estar

debo parar de correr
deslizarme
por el tallo de una flor

luego de que me invadan las presencias
la naturaleza demostrará su ímpetu
seré el grano de maíz germinando
haciendo cortes exactos dentro de una roca

pondré quetzales a custodiar pirámides
volaré como un pez mágico
llevando en los ojos millares de soles

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EL CICLO DEL AGUA

cada charca es un pájaro
por eso milagrosamente
logra volar

cada reflejo se basa en la memoria
y con esto nos atrapa

soy
sin el yo que ató mis pies
para caminar libre

y en lo dicho reconozco
que lo proveniente del vacío
encontrará su asidero
en cada palabra o gota de lluvia

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PARÁBOLA

nuestra equivocación radica en que en el espíritu
no existe nada capaz de ser calcado

en que ningún alma
debe amoldarse a alguien más
como la bota de un enterrador
no puede ser llevada por un sauce

si el cuerpo visto
está hecho de agua
imagina ¿qué será para lo invisible?
¿sino un caudal inagotable?

no es el sol quien amolda sus rayos
ni son las flores quienes cuentan sus pétalos

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YUNTA

te invito a un arado de estrellas
cada semilla un sol

¿abriremos zanjas dolorosas
en el corazón de alguien más?
¿o por el contrario
una lágrima de ángel
arrebatará los nuestros?

somos la yunta
el río a punto de secar
y la mañana que bronceó mis párpados

tus pestañas comienzan a moverse
e irán arando en toda la llanura

la tierra es una soledad compartida
al pie de un camino
para oír como la brisa hace crujir al sorgo

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EL VALOR DE LA RENUNCIA

mundo nos negaron
mundo porque nos hemos negado

el cazador tiene hielo en la mirada
pero a veces
si una bestia no teme
puede sobrevivir

no hay ninguna lección
el fruto se madura
aunque no lo compartan

¿se vendrán a menos
en sus manos las semillas y los amores?

yo digo que cualquier hombre es un eje
para hacerlo girar

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EL CORTAFUEGOS

era preciso encender un fuego para el invierno
un fuego capaz de dejar cenizas para abonar lo cercado
temprano improvisamos caminos
desnudamos la tierra
alrededor de lo que deseábamos quemar
y metimos candela sobre las hebras doradas
de esta sequía
donde seguimos viendo con asombro
los insectos voladores incendiándose
y pequeños animales
saliendo en sentido contrario a la brisa
como si les bastara vivir para un aguacero más

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ANTICONCEPCIÓN DE EMERGENCIA

ella no está del todo desnuda

se ha quitado el sostén para los ángeles

y dejado para mí
lo que cubre su alma con imperfecciones
(las inventadas por su sensibilidad)

la ayudo a desvestir esa parte
en la cola de una farmacia

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EL BOTALÓN DEL SUEÑO

la brisa no puede tumbar
los avisperos
la casa está sola

el botalón ya no tiene pájaro

aguas frescas
para clavar estantillos
rige la perplejidad en todo
cuando se ignora el vuelo del gavilán

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GASTANDO LA PENSIÓN

−deme dos medios de oxígeno−
alzó la voz e iba a ser sancionado
por la sociedad del futuro
pero cuando supo de las rebajas
de los fármacos y las vitaminas
compró todas y ganó un cupón
para su primer día en el bosque

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ÍCARO

si algo me han enseñado las clases de arte
es que nunca vemos la belleza
tal y como es
y en ese reflejo espantoso
es donde conseguimos
soliviantar nuestros espíritus
es la cegadora indulgencia del canon
la que nos alumbra
y desdeña cada vez que intentamos el vuelo

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César Panza / 

Valencia, Venezuela, 1987 — 2022. Poeta, editor y traductor. Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Carabobo, donde ejerció actividades docentes y de investigación, asimismo se desempeñó como miembro del Comité de Redacción de la revista Poesía. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Tradujo del inglés Canciones 1962-1970, de Bob Dylan (Fundarte, 2017). En 2018 publicó el libro de poesía: Mercancías (Fundación Editorial El perro y la rana). Panza fue uno de los fundadores de Kavrial. 

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Leonardo Alezones Lau /

Valencia, 1983. Poeta y artista plástico venezolano. Es autor de los libros Arcada (2007), Amalivaca (2012), I.N.R.I. (2016) y Supernova (2020). Es egresado de la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena (2002-2005). En la actualidad, alterna su trabajo literario con la elaboración de una serie de pinturas digitales y se desempeña como coordinador de las escuelas de arte en su ciudad natal.

Presentación del libro Supernova de Leonardo Alezones Lau (El Taller Blanco Ediciones, 2020),
leída en Cacao Cultura a finales del mes de julio del 2021, en Valencia, en el marco de la muestra de arte Contracorriente.

 

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