ESCRITURAS

Warlike

Daniel Oliveros

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El loco ha muerto. En el mar del sur hay una isla
Para recibir al dios sol. Percuten los tambores.
Los hombres realizan danzas de guerra.
Las mujeres mueven sus caderas entre enredaderas y flores de
fuego,
Cuando el océano canta. Oh, nuestro paraíso perdido.

 

—Georg Trakl

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STUNNED

I

Siento tu dolor en el cuerpo, calma

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¿Dónde está el sufrimiento
en las olas que se acercan
a despedirse?


No hay calma en este cuerpo, sólo ruido

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¿Ruido como en los puertos
de pescadores y peñeros?


El ruido de un cuerpo silencioso

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¿Podría conseguir
el silencio dentro del mar?


Me arrastraré sobre la arena, mudo

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¿Mudo como los peces con el
anzuelo, arrastrados
desde el agua hacia la luz?


Reptando y lleno de arena, ¿ves?

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Ahora soy un cuerpo de sal
y enteramente seco.

 

Mírame.

 

Arrastrado desde el fondo silencioso,
viendo las líneas
que dejan los botes después
del ruido.

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II

Caen las espadas desde los
barcos sobre el reino sumergido.
Un castigo merecimos
hecho de acero que corta el agua
y revuelve la espuma.
Los que habitamos la hondura
vemos surcos y destellos
que rompen la tensión del agua,
preguntándonos
qué hay más allá de la cuerda
entre el encuentro divino.
Algunos escuchan el metal
chocando en las piedras
y nadan hacia el fondo;
escondiendo los pescuezos
del azar frío de la lluvia.
Otros permanecen suspendidos
esperando que el filo de las armas
siegue sus cabezas.

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III

Corre una marcha de
cuerpos bajo el río;
cuerpos de agua que
laten y se doblan sobre el fondo.

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Observo sus rasgos
mientras los ríos se entrelazan
como una maraña
de cables en un poste.

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Sumergido,

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abro los ojos en un cementerio.

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IV

Me traslado entre las aguas esperando
el cambio que me empuje hacia el fondo
del pantano. La marcha describe
un movimiento elíptico, esa búsqueda
que repite el esfuerzo de las estaciones.

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Ahora despierto del sueño en un mundo que no
conocía.
Miro en silencio mientras se derriten
los glaciares. A lo lejos escucho el aleteo de una
gaviota
mientras se desvanece en el abismo.

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V

No hay sombra en la oscuridad.

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Cada cuerpo a solas sin su contraparte,
sin rayos que atraviesen el alma,
sin luz para guiar sus caminos.

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VI

Reagrupar la atención en un punto

..

.Desde ese lugar se observa
cuanto espacio se abre al respiro

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Lo que se dice hacia abajo
se desliza sobre fina arena
hacia una acrópolis luminosa

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No hay sino un viento
que abrasa la hierba
hirviente; el reflejo del sol
sobre este mundo minado por
pensamientos

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Nívea arena en las bahías,
más allá

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humeantes buques petroleros
colorean el horizonte
.
lo único que no se hunde
en el agua
es el punto
de luz

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CUERNOS DE ORO

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II

Casa de piedra atada al suelo,
templos de barro deshechos en la arena.

 

La lluvia cae
y nos desplaza hacia los lados
llevando enormes piedras
a rastras.

 

Cuerpos sometidos a
la carta del Monarca
que cae sobre los hombros,
el frío y la hondura,

 

y cae dura
y pesada
una
y otra vez.

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ESCLAVOS DEL GENERAL

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IV

Se derrumban las torres sobre su
rostro. Tan pulcro, tan liso, tan blanco.

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Ahora, su cara sirve a los hombres.
¿Dónde se detiene este deseo
desmesurado de tallar sus facciones?
¿Dónde empezamos a frotar nuestros
sueños? Sueño, sueño, sueño, sueño
¿Dónde están nuestros sueños más hermosos?

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Ahí, en sus mejillas, en sus labios,
bajándole por el cuello.
Ahí todo estará a salvo.
En su rostro, en su lengua y
las ganas de tragar hondo
y mucho más hondo.

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Ahí, profundo,
donde apenas puedo verte.

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VIII

Carne

Carne tocada

Carne húmeda

Carne envuelta por una sábana

Carne que me corresponde

Carne que se me escapa

Carne que me sobrepasa

Carne que se sale de mis manos

y vuelve a ellas y vuelve a irse

 

Carne de la rueda del eterno retorno

Carne del Samsara

Carne santa de Miércoles de Cenizas

 

Carne             Carne             Carne

 

Carne plegaria

Carne de mi carne

Carne que penetra

Carne que es penetrada

 

Venga a mí la carne real

Carne que se sale de mis manos

y vuelve a ellas y vuelve a irse

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SUEÑOS CON LA GUERRA

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RASTRO DE AGAMENÓN

La adivina vive en la sombra
proyectada en la escalera; aquella
para quien el tiempo es un bolo que en
la boca se devuelve hacia el estrago.

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El momento habitado es incierto
como pasos sobre peldaños
y el corte de la piedra recta blanca;
la adivina acude al mediodía sin sus collares.

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La cama nauseabunda de los hermanos.
El plato servido con rábanos y flores.

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Adivina y avanza hacia el destierro de sí misma,
los ecos de sus pasos ya se escuchan en el templo.

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RASTRO DE BACANTES

Llevar una máscara sobre el rostro;
el gesto brutal y terrorífico.

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A pesar que la mirada es lo único que traspasa,
queda lo confuso y por lo que aún nos preguntamos.

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Mientras que en un batir de espirales
se relajan las mandíbulas y las lenguas se entrecruzan.

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Así pagamos.

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Así pagamos ser testigos de lo eterno;
esclavos de lo efímero.

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GÉNESIS

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Dios mío, sube tu
gloria a la tierra
desde el abismo.

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Señor del sin número

de apóstoles. Rompe
al doce y al siete
de las cuentas del collar.

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Entréganos la fruta

que quedó a la sombra
del árbol; pasaremos su carne
tomando del río que
expulsa a la memoria.

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No sé quién eres

           o quién soy
sólo recuerdo
este río desde que abrí
los ojos, me quedo
viendo las sombras
moverse sobre las aguas.

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Líbranos del primer

acto de bondad
de nuestra historia.
Nosotros seguiremos aullando.

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Daniel Oliveros /

Valencia, Venezuela, 1991. Poeta, traductor, editor y licenciado en Educación Mención Inglés por la Universidad de Carabobo, Venezuela. Director Editorial del sello Kavrial. Es Corresponsal en España de la revista POESIA y forma parte del comité editorial de Escritores Cordillera; asimismo, se desenvuelve como Corresponsal en España para la revista Ficcionafilia. En el año 2014 fue merecedor de la mención honorífica en poesía del V Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo», Venezuela. Warlike, publicado por LP5, es su primer libro publicado.

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La imagen que ilustra esta publicación es un detalle intervenido de la obra Guerra: El exilio y la lapa de roca (1842), del artista británico J.M. William Turner.

 

 

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