Víctor Manuel Pinto
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A Edda Armas
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Durante cinco años, reunidos en la jefatura del Departamento de Literatura, Robert Rincón, César Panza, Reynaldo Pérez Só y yo realizamos lo que el autor de Solo llamaría un trabajo de escritura. Durante todo ese lustro (2014–2019) Reynaldo siempre se negó a nombrar aquellas reuniones semanales, en la sede de la revista POESIA, como un taller, a pesar de que bajo ese formato comenzaron los encuentros: un taller de esperanto que, paulatinamente, derivó al estudio de la traducción literal y creativa de la poesía, para luego experimentar con escrituras primadas por el traslado de sentidos de un sistema a otro, como la écfrasis, por ejemplo, y variados ejercicios de apropiación, versión y reescrituras. Dichas indagaciones, que surgían de la inquietud grupal, eran recogidas por Reynaldo y convertidas en asignaciones, en tanto que desautomatizaba nuestros registros imponiéndonos la prosa como régimen, así como el texto condicionado, es decir, convertía la escritura en sparring de la atención.
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Aquello era, en la tradición de Bárbula, un taller. Y así lo llamábamos César, Robert y yo porque, en cierta forma, nos sentíamos como la anónima continuidad de Fragmentos de un taller, ese revelador opúsculo verde cuya pedagogía rupturista y extraña subversión espiritual nos había envalentonado en los años iniciales. Pero entendíamos muy bien por qué era importante para el poeta no ser visto como esa misteriosa entidad heteronímica llamada Aquilino, sino ser considerado como uno más. Para él, sobre todo para él, era fundamental procurarse un espacio de intercambio donde pudiera ser Reynaldo y no Pérez Só; abandonar cualquier pretensión de saber; experimentar una dinámica de desacostumbramiento de la expresión y asumir la producción textual como una carrera hasta la translimitación de lo habitual, eso que, en suma, era el trabajo de escritura.
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Su lección, su ars para nosotros siempre fue la procura del riesgo; lo propio vinculado a lo universal; constancia y disciplina: cuando arrugábamos la frente ante la ilegibilidad de alguno de sus experimentos, era común verlo irse inquieto, como deseando llegar a su estudio para trabajar de inmediato en una, dos o tres versiones del mismo texto, que nos llevaba impresas al día siguiente, temprano, antes de abrir las oficinas. De los cuatro, ninguno trabajaba más que él.
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Durante ese periodo tan difícil para el país, Reynaldo, cercano a los 80 años, pensó y escribió ensayos; impartió clases de postgrado en el área de la psiquiatría, dictó talleres y conferencias sobre arte y escritura; realizó y publicó en la revista POESIA versiones del francés, el inglés y el alemán, así como una traducción directamente del hebreo del Cantar de los Cantares, incluido en el número 161 de la edición impresa de la revista de marras. Además de eso, antes de que el virus global interrumpiera el trabajo de escritura, Reynaldo también escribió sus memorias de insurgente armado en los 60, así como más de 5 libros de poesía, entre los que destacan: Torceduras; Postales; Redacción; Inelegancias sueltas; Lavar el met y Procura. Ars poética, parte esencial del libro que presentamos hoy.
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De allí la pertinencia del relato previo. Al tratarse de un ars poética en la bibliografía del autor (la segunda después de los Fragmentos), es ineludible no considerar que Procura encierra las claves de creación develadas durante esos años de trabajo en Bárbula, sitio en el que Reynaldo ubica y fecha sus escritos. A diferencia de su primer ars, publicada hace 34 años, la pedagogía de Procura se enreda como una yerba en la estructura vertical de los textos, presentados esta vez como poemas, a diferencia de las bofetadas existenciales y los destellos prosados, editados por la valenciana Amazonia a comienzo de los 90. Cabe destacar, que la arista estética de Procura rivaliza con el propio Reynaldo, quien se rehusaba a reflexionar sobre poesía mediante la forma tradicional de la poesía, como si oponerse a sí mismo y habilitar la maleabilidad del pensamiento fueran los axiomas encriptados de esta nueva propuesta. No obstante, es al futuro lector de este libro a quien corresponde ahora descifrar las claves de esta poética. Mis palabras, esta tarde, no están al servicio del análisis y la crítica, sino que pretenden tributar aquella experiencia creativa de la que surgieron los poemas que componen Último de aire.
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/ El asesino
Que sean las editoras, Edda Armas y María Clara Salas, quienes, a través de la Nota bene correspondiente a Último de aire, nos relaten cómo fue el proceso de selección y elaboración este libro:
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Desde que creamos la colección de poesía venezolana Dcir veníamos cortejando la palabra poética del autor originalísimo de Para morirnos de otro sueño, que no más arrancando los años 70 marcó el inicio de otra manera del decir poético en el panorama de la poesía contemporánea venezolana. Reynaldo Pérez Só era uno de los poetas esenciales al que deseábamos editar, así se lo hicimos saber, y pacientes fuimos. En junio de 2023 nos dio la noticia de que nos tenía un manuscrito inédito para Dcir. Hoy, lector, en tus manos tienes ese libro prometido. Bajo el título de Último de aire, verso suyo del poema «Injusto morir viviendo» se reúne, en edición póstuma, el libro completo intitulado Procura. Ars Poetica y un conjunto de poemas sueltos llamándolos Textos desorientados. Con esta edición, cumpliéndose un año de su fallecimiento, rendimos homenaje a un poeta que se abraza a la vida, escucha el llamado del Otro, a quien nunca ha nombrado en su poesía, de quien siempre nos impactó su proceso espiritual y su capacidad de usar el lenguaje para expresar una experiencia inédita y absorbente que le permite sentirse confiado frente a la muerte. Dejamos anotado que, en la tarea de organización de sus poemas escritos en estos últimos años, le acompañaron, con cercanía afectiva, los poetas valencianos Víctor Manuel Pinto y César Panza. Al poeta Víctor Manuel Pinto le damos las gracias por la información y asesoría brindada durante el proceso editorial, a sabiendas de que conoce el respirar poético de RPS, a quien llama maestro…
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Sin embargo, una infidencia: durante el proceso de edición de Último de aire, hubo un poema que siempre quiso darse a la fuga; un texto, diríase, desorientado; una escritura reticente que se escapaba del sentido y el ritmo de la selección total; un poema que, después de varias consideraciones, finalmente se incluyó para honrar su resistencia; por el carácter de rompimiento que tributa a Reynaldo, amén de su intuición:
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un asesino de amigo
borra la sangre
la veracidad no coexiste
tampoco importa durante la estampa
de darse mutuamente
comida de boca a boca
siendo hermanos de estirpe
el asesino es un amigo del alma
mejor dicho de la munición
que juega
a quién de ambos sucumbe primero
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/ El último taller
Todas los accidentes y desgracias del fin de semana valenciano se totalizan los domingos en la emergencia del Hospital Central de Valencia. Y más aquel día de julio, pues un conato de motín en el penal de Tocuyito había convertido el pasillo hacia el área de visitas en un pasadizo de cadáveres y huellas sangrientas. Sin embargo, al subir las escaleras y encontrar la habitación de Reynaldo, nos recibió, como siempre, sonriendo, convidándonos de sus frutas. Junto a él, un muchacho baleado, involucrado en un crimen, permanecía en silencio, reposando sus heridas en la camilla. Allí, en un cuarto del mismo hospital donde hizo sus prácticas de médico, Reynaldo impartió su último taller. Robert, el muchacho baleado y yo lo escuchamos hablar por horas de la ética del poeta; la autenticidad; los peligros; el sexo, las drogas; el amor y la mentira; su Dios y el diablo. También nos leyó textos recién acabados, escritos en sendos cuadernos que esperan por transcripción.
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El poema del asesino se titula Recomendación. Y les pregunto, a propósito de este nuevo libro de Reynaldo, ¿qué es un ars poetica que no sea eso, una recomendación, una dirección ofrecida al Otro, producto de la experiencia obtenida en el tránsito creativo?
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En aquel momento, mientras Reynaldo nos entregaba sus recomendaciones, él, Robert, el muchacho baleado y yo éramos realmente hermanos de estirpe, pero no de un linaje complotado por la delincuencia, sino un clan vinculado por la vida, el tiempo y la justicia de la poesía.
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Pocas horas después de aquella sesión dominical, el muchacho baleado falleció; días después, en su casa de La Viña, lo hizo Reynaldo. Sin embargo, para Daniel Oliveros y César Panza, así como para Robert Rincón y para mí, siempre resultó inconcebible eludir de nuestras vidas la presencia y la energía de un hombre tan notable como Reynaldo quien, en ese cuarto que revelaba la vulnerabilidad de nuestros cuerpos y anhelos, nos legó en ese último trabajo de escritura a Robert, el asesino y a mí, la única recomendación que necesita un artista, un creador, un verdadero poeta, como lo fue él:
Sean siempre ustedes mismos.
Valencia, octubre de 2024.
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Víctor Manuel Pinto /
Valencia, Venezuela, 1982. Poeta, editor y profesor universitario. Jefe del Departamento de Artes Literarias de la Dirección Central de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirige la revista POESIA. Welserland (2021), es su libro más reciente.
La obra que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Sacha Guerrero
Presentación de Último de aire (Dcir, 2024)


