ESCRITURAS

Tesón Líquido

Carlos Osorio Granado

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SUENAN CAMPAÑAS EN LA CALLE

LA BOCA ESTÁ EN LOS OJOS DE LO QUE SE DESEA

Y SE VUELVEN NIÑOS LACTANTES

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Cualquiera que vea este letrero no sabe lo que estoy diciendo, puede muy bien pensar que estoy loco por pensar que pago mucho dentro de la calle. Solo fui dejando a la mentira que se arreglara de una manera soportable. La casa hígado fue ron de noche donde nació la guerra. Hinchada, incomprendida. Una caja de cartón, la cama y el frío. Los ojos nuevos se exhibieron distantes. Pero el tesón del presidente cuando preso era sedante. Fue corto. A tres rounds, nasal, con carácter. Su mamá le dijo: está enfermo muchacho, está enfermito. No permito de una madre semejante atrevimiento. Luego vuelve vuelto nada. Pero habla el presidente. Tan largo y tan tendido me quedo en esta calle pensando su sol cristiano. Somos gente nacida para vencer. Esta mujer, el entierro, elevada de mentiras la sepultura. Con qué carácter, qué carrizo, adónde vamos a tener que ir para decirle al médico que no. Cuál será ese médico que no miente de ese pedazo que tenemos podrido adentro del corazón y no sabemos ahora qué hacer con esta cosa. No sabemos si no vamos, si creemos que estamos en el piso, que somos una lagartija en pedazos. Una vasija despliega ediciones de ira en sepultura de minas. Puede ser que las minas de oro. También ampara a los hombres que están buscando el tesón líquido. Este loco que cree que ahora está pasando mañana, este loco que escribiera una carta está pensando a una mujer, está sintiendo, sintiendo y pesado el cuerpo detrás de ella. Corrigiendo la mañana la vida la tenemos que llevar. Vida en el cerebro metida y arrepentida. La gente no puede, no podría ya perdonar todo lo que le hemos hecho. Me pregunto si el poema es una larga culebra decretada e interrogada con las dudas que nos llevan por caminos sin atajo. Pero Él, que nos tiene sostenidos en vertical, nos va dejando en la mente muchas ganas de ganar la partida de despedida. Se tardan, se quejan los angustiados de que el cielo está apagado y no dejan que entremos al santoral. Riñón que tienen los hombres para hablar y no parar, riñón el del presidente de cuatro horas y media agarrado de los pies con zapatos de plomo para no caer desplomado. Plomo es ver a una madre arrasada con todo lo amado. Pero aquí nadie todavía sabe por qué quiero hablar con el presidente. Este país necesita una madre y no plomo. Plomo que lleva el loco en la calle. Plomo, plomo y plomo. País de plomo. El presidente habla y habla, canta y habla. Y nosotros vamos a la cocina en busca de pan, con la pequeña esperanza de no olvidarnos al regreso que está hablando el presidente. Pero alguien nos llega y dice: el presidente murió.

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Buenos días señor; mi casa se la llevó el río, que lo que dio fue dolor, ahora espero que vengan los tractores de la calle, que se terminen de llegar. Mi mujer también esta pérdida, toda la gente que yo quería. Ahora, quién manda. Esta vez se largan que no voto. Ya está bueno. Me quedo con mis latas, la plata que me da la gana, la Santísima Trinidad. Raíz de la culpa de estar borracho, del amigo sucio. Da vergüenza. Que la pusiste. Que oro de presidente no se gana así de fácil. Hay que ir a la escuela, ponerse los pantalones, no ver tanta televisión. Que se acueste con la mujer que dama se cree delante de ti, para que vengan mosquitos a congregarse diciendo que son amigos, que beben contigo, hoy tenemos que celebrar. La cartera se le cayó, señor; gracias al menos se dicen. Cien bolívares no empobrecen a nadie. Un caramelo cae. Veo que lo recoge. El autobús es mi casa, mi maleta. Por fin: quién manda en este país. Necesito hablar con el jefe de Estado. Pero dicen que se fue porque lo estaban volviendo loco los medios de comunicación, la libertad de expresión. Caminos que a mí me revientan. Ahora soy un libro. Yo sí que sé lo que sé, por eso es que todo el mundo está como está. Ayer me compraba ropa para ir al cine y era pan comido. Primer enviado del cielo porque tenía palabras bonitas para enamoradas y amigos. Yo sí que tenía talento. El frío huele raro con esta grasa, la muela me duele y huele. Proveer alimentos, buscar a Jesucristo, el guerrillero de los árboles de la carretera. Un trago me quitará el dolor de esta penumbra. Ahora ya no recuerdo desde cuándo tomo el medicamento con aguardiente. Pero de esta salgo salvo. Muñeca de trapo, pantalón de cuero, afirma que la verdad es un trago. Qué. Nadie me responde quién manda en esta vaina. Yo hube de tener mucho dinero, sabía. Pero el Libertador viene a caballo con el Negro Primero y el General Gómez, a ver quién es el bravo aquí. Camina caminero y no les creas. Que la mujer está triste en los ojos, la mujer mayor, pero tiene leche en la ropa. Los gritos son del mercado, del café caliente, que le den un poquito a este loco. A mi mujer se la llevó la corriente, no quedó ni un libro, pero sé de la calle y más nadie sabe lo que sabe el hombre de mundo. El pueblo que sé que es tranquilo cuando duerme y bravo cuando llueve.

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Ya, cuando creíamos todo lo que dijeron, el hombre aparece metido en su televisor, parece un volcán de esos grandotes. Que siete vidas tiene el gato. Taza blanca de café. Un profesor de vara y pizarrón. No tenía cara de miedo, estaba bonito, de hijo mayor de familia, con el Cristo en la mano. La vidriera no me deja escuchar. La lluvia comienza a traer gente. Me voy hediondo y agachado. Explota la tos. No tengo un trago, pasaré la noche en otra dimensión donde pululan las mujeres y el dolor no existe, que mi cabeza es un trompo. Una santa virgen calienta mi cámara de sueños. No puede ser verdad, pero el hombre está vivo, lo vi clarito, y ya ni me acuerdo para qué lo quería. Hace mucho frío sin nada caliente, sin humor y menos loco. Hoy me provocó ir a hacer morrocoy para comer. Cómo sabe comer. Ayer, recuerdo. Pero ese es el hombre, es el que ando buscando para que saque ánimo, para que saque a mi mujer del embargo en el que está metida con el barro hasta el cuello. Mejor me busco un trabajo, voy a ser pescador, fino actor y no pastor a sueldo fijo. Soy el mejor para lo que salga. Eso que no es liquidez. Mi manera de hablar recia los tiene mirando que se me acabó la ropa. Ya no me siento tan loco, voy a buscar trabajo de fiscal, profesor de la Biblia, ayudante. Un poco de ropa señora porque tengo que hablar con el presidente. A ver si es verdad que me curo y comienzo una vida mejor. Pero ahora quiero un trago y cigarros. Esta casa es grande. Por favor, no me niegue el paso, su repudio me dejaría lúgubre. Por amor a lo que más quiera, casi di la vida para hablar con usted. Necesito un trago.

 

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Carlos Osorio Granado /

Caracas, Venezuela, 1955. Poeta, editor, traductor, artista plástico y músico. Es licenciado en Educación, mención Artes Plásticas, por la Universidad de Carabobo. Trabajó en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde fue subdirector de la revista POESIA, perteneció al Comité Organizador del Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo (EIPUC), e impartió talleres de poesía por más de dos décadas. Ha publicado los libros Saravá (1988), Albricias (1992), Caminería (1998), Vaivén (1999), Amatoria (2004), Azimut y El camino (2013). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y al portugués. Ha recibido varios premios y reconocimientos tanto por su poesía como por su obra plástica. Tesón Líquido es un texto escrito por Osorio alrededor de 2004. Hoy lo publicamos en exclusiva para Kavrial.

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